TVR 2002: Chau Mundial Corea-Japón

Cada vez quedan menos días para que arranque el ansiado mundial de Sudáfrica. En esta ocasión, les presentamos el informe elaborado por TVR luego de la temprana eliminación argentina en Corea y Japón. Próximamente estaremos repasando y recordando lo sucedido en Alemania 2006.

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De la Rúa analiza el presente y futuro del país

Por el especial del Bicentenario del diario La Nación también pasó el ex presidente Fernando De la Rúa. Evalúa, entre otras cosas, las falencias históricas y coyunturales de la Argentina.

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El campeonato de Argentinos Jrs en números

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25 son los años que pasaron desde el último título del bicho.
9 son los goles de Ismael Sosa en el torneo, el máximo artillero de su equipo.
23 son los puntos que cosechó en condición de visitante, el mejor en ese rubro.
6 son los goles que anotó frente a Lanus en la tercera jornada.
35 son los tantos a favor de Argentinos en el reciente Clausura obtenido.
3-4-1-2 es la táctica predilecta de Claudio Borghi.
73 son los puntos alcanzados por el bicho en toda la temporada. El segundo detrás de Banfield.
19 son los partidos disputados en este torneo por Matías Caruzzo, el único sin ausencias en su elenco.
14 son los encuentros invictos del bicho. El último traspié fue ante Godoy Cruz.
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Cabe destacar también a Estudiantes de LP por su enorme regularidad en ambos frentes, a Velez y Banfield que se cayeron de la lucha del torneo en la jornada 15, a Godoy Cruz, una gratísima revelación (ojalá concrete su clasificación a la Libertadores 2011), y a Independiente que peleó ambos torneos y culminó una temporada repleta de unidades.
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Orlando Barone sobre el 20 de diciembre del 2001


¿De quién es el 20 de diciembre? ¿De qué parte de la sociedad, de qué sector, de qué ideología, de qué partido, de qué clase social? ¿Qué se celebra o se reivindica? ¿Una revolución, una gesta, un motín, una metamorfosis, un desconcierto, una ilusión, una catarsis, un estropicio?

Los muertos de aquel día ya forman parte del acervo de nuestra pacífica tendencia. Otra vez la Plaza de Mayo, tan indiscriminadamente generosa para absorber todos los males y los bienes y tantas desviaciones olvidables e inolvidables, aparece como un tentador escenario. Sería estúpido desgraciar todavía más el aniversario de una desgracia: no le vendría bien a nuestra sociedad trozada ya bastante en cortes carniceros y abrumada de anécdotas, la mayor parte intrascendentes. O pasajeras. Los medios no pueden evitar el atoro e indecoro: si antes envejecían al otro día de dar la noticia, ahora envejecen al dar la primicia. Y algunos se están desvaneciendo sólo por darlas sin tener pruebas ni sustancia, y por mostrar la foto y la cinta grabada sin la secuencia ni el contexto. O por emplear mensajeros que ejercen la profesión por descarte: porque no existe más la de verdugo y porque la de cínico no está reglamentada. Hay directores de medios audiovisuales que podrían dirigir murgas con igual eficacia. Pero últimamente las murgas se han profesionalizado.

Se acerca el 20 de diciembre y hay burdas intenciones de apropiárselo y obtener la recompensa de aquel día furioso. Sea en nombre de un sector o de un señor. Es temerario incitar a los convalecientes a que salgan a la plaza a festejar nada si todavía tantean confundidos su lugar en la casa.

El 20 de diciembre es un día raro, de inclasificable incorporación a la historia. Sería vulgar que se lo recordara con una cacerola: amerita un mejor simbolismo que entronizar ese cacharro de bazar y menaje. La rareza mayor de ese día es que si bien tuvo una protagonista -la reacción social- careció de antagonista. No lo fue De la Rúa: no tuvo ese rango. Ni siquiera Cavallo. Tampoco lo fue la convertibilidad; su adoración perdurará como un Eros mítico con dos moralejas. Una de ellas es la correcta, pero muchos se quedarán con la errónea y se la seguirán contando sin corregir a los nietos. ¿Cuál es una y cuál la otra?

La reacción de aquel día fue contra algo innumerable, monstruoso. Y sin nombre propio ni identificación precisa. Es muy difícil discriminar los elementos que integran el caos. Una vez sucedido, los individuos por separado recobran nuevamente sus particularidades genéticas y su natural descarrío.

Hay demasiadas trizas dispersas buscando un cuerpo donde volver a adherirse. ¿Cuál cuerpo? ¿Y cómo se reubica cada triza en el sitio apropiado sin causar más destrozos? Además ya no hay pegamento: el importado se hizo inaccesible, el engrudo nacional dejó de fabricarse. El adherente global no pega, sino en determinadas superficies: a otras las rechaza.

Un duelo clásico tiene un estándar de dos a seis meses y es un reflejo de adaptación al stress que produce la pérdida. Tiene un sentido terapéutico. Pero no hay plazo -y acaso un año sea poco- para un duelo como éste, que involucra tantas cosas de la Patria, y de uno con la Patria.

Esta es una sociedad Frankenstein privada del mecanismo que la había hecho funcionar monstruosamente y que de pronto tiene que enfrentarse a su propia monstruosidad sin la jactanciosa estética de aquellos años inolvidables imperdonables. Cómo nos divertíamos. Hay trajes de gala que conservan restos de serpentina y manchas de gotas de champagne de una marca hoy ausente de las góndolas. En el museo de Anillaco se conservan piezas carísimas intactas. Al exterior se han fugado algunas incunables. A la Argentina "Frankenstein" se le acabaron las pilas y no hay repuestos iguales. Si le enderezan una pata: cruje la pata hipotecaria; si le acomodan un músculo, se atrofia el del empleo o el del tributo. O chillan los nervios de los enfermos o el tendón de los comerciantes o el corazón de los niños. No debería ser necesario que haya que firmar ningún documento para que los niños no se mueran de hambre. Un niño no debe morirse de hambre mientras al lado haya adultos ahítos de comida. Si se mueren de hambre alguien les está robando sus raciones. Además ya están escritos los derechos universales del niño, hay leyes penales contra su abandono, leyes que condenan a quienes no cumplen su rol desde el Estado, a quienes no pagan los impuestos, a quienes corrompen desde lo público o lo privado. A quienes se embuchan y creen que eso es razonable aunque al lado se extiendan Tucumán o Somalia. Y, sobre todo, está la ley democrática para evitar que se engorden los gordos a costa de la infancia.

Pero cuesta desarmar ese Frankenstein en que nos hemos convertido. Porque aunque ya no sirva para nada, no hay todavía un proyecto de país bello sustituto.

Nada más misterioso que el estado de ánimo de un monstruo. El calor es peligroso. No lo toquen. Déjenlo que se readapte y que encuentre su propia razón de ser, su ideología actualizada. Pero primero que nada pongamos un piso de consenso moral: que todos coman tres veces por día. Por qué ser menos que nadie.

El 20 de diciembre debería llamarse el día del enigma: porque, igual que en los jeroglíficos, se puede leer lo que pasó, pero no se entiende. Bueno: soy yo el ignorante. Debería hacerle caso a mi madre y no hablar de política.
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