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El 11 de Septiembre según Sandra Russo


Los dejamos con una excelente nota de opinión de Sandra Russo del 13 de Septiembre del 2001 para Página 12 donde reflexiona sobre lo sucedido en Estados Unidos dos días atrás:


Caníbales

Esta vez no fue un francotirador enajenado que disparó contra escolares, ni un veterano de Vietnam que después de rumiar durante décadas su odio salió a matar a sangre fría, ni un loco sectario que convenció a treinta personas de ingerir cianuro para hacer un viaje a las estrellas. Los norteamericanos están acostumbrados a ese tipo de alienación, y la soportan como quien debe tolerar los efectos colaterales de un remedio. El remedio en cuestión es el ideario con el que han logrado erigirse en los portadores del timón del planeta. “El mundo civilizado” son ellos, que a veces salen de paseo por el mundo con sus camisas hawaianas y sus cámaras digitales, y son por un par de semanas turistas en estos patios traseros y exóticos. Cuando los norteamericanos intervienen en guerras –un vicio del que no han logrado desembarazarse tan rápido como del tabaquismo–, las miran por tevé, en espectáculos mediáticos prolijos y discretos, en los que las explosiones parecen escenografías de las que los extras han escapado un rato antes. Pero no es así: ni en América latina en los ’70, ni en la Guerra del Golfo en los ’90 había extras, sino civiles tan civiles como esos miles de empleados inocentes que fueron víctimas del atroz ataque del martes.
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No se puede saber a ciencia cierta, pero sí se puede intuir que quien quiera que fuese que planeó el atentado lo diseñó no sólo para asestar un golpe real y devastador, sino además para provocar un golpe simbólico en ese pueblo atacado que quedó convertido al mismo tiempo en un pueblo espectador. La sincronía entre los dos ataques a las torres, con diferencia de minutos, hizo que la tragedia quedara convertida instantáneamente en espectáculo, y es ese el espectáculo que vemos una vez y otra vez, repetido por las diferentes cadenas de tevé, cada una aportando su ángulo, cada una con el plus de su propia cámara ya instalada y en posición.
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Cuando hay víctimas inocentes, ninguna lección sirve. Cuando hay gente que se despide de sus hijos, sale de su casa y ya no vuelve, no hay nada ejemplificador, salvo la locura intrínseca de quien se arroga el derecho de usar las vidas de otros para expresarse, sea en nombre del odio o en nombre de la libertad. Que el terrorismo esto lo ignora y que insiste en su lógica demente ya se sabe. Ahora falta que “el mundo civilizado” demuestre que la civilización no significa otra cosa que abstenerse de comer a los caníbales.
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El fútbol, la neurosis y los ídolos.

Como ya sabemos que la prensa deportiva tiene una dosis de exitismo indudable, como ya sabemos que este equipo es un desastre futbolísticamente, como ya sabemos que Maradona no es ni por asomo un conductor adecuado, decidí reproducir la opinión que brindó Sandra Russo en Pagina 12. Una mirada femenina, diferente de lo que hemos visto y escuchado anoche y hoy a la mañana:


"He notado ayer que una neurosis que se apoderó de mí desde hace un par de partidos de la Selección no me pertenece por completo. Quiero decir: ayer confirmé que se trata de una neurosis que varias otras personas me transmitieron verbalmente, en un tono un tanto apesadumbrado: mejor no lo veo, soy mufa. Eso es lo que intermitentemente fui sintiendo desde que jugaron no me acuerdo dónde. Es que no me importa el fútbol ni soy seguidora de la Selección. Lo de ayer no fue un asunto de futboleros, sino de argentinos contrariados con su propia mala suerte.

De a ratos me iba a la cocina, o al baño, y hasta llegué a quedarme frente a la pantalla pero con los ojos cerrados. Creí que era mi vieja neurosis personal, adaptada para la ocasión: no podía ser que jugasen tan mal. De modo que a medida que iban jugando peor, cierta necesidad de verosímil interno me convenció de que no eran ellos, era yo. Que si no veía el partido, liberaría a la Selección de esos deseos que a mí no se me cumplen.

Pero un taxista, una maquilladora, una vendedora de kiosco y un amigo ayer me dijeron lo mismo: mejor no lo veo, soy mufa. Es hacerse cargo de la situación. O mejor dicho, de una situación en la cual es imposible no reconocer una argentinidad imbatible para la frustración. Hacerse cargo vía pensamiento mágico de lo ilógico de la argentinidad. Este equipo fue acariciado por las expectativas. Hay grandes nombres de los que deseamos sentirnos orgullosos. Maradona y Messi, por ejemplo. El pasado, el presente, el futuro. Talentos increíbles que a veces creemos que nosotros mismos exudamos para ellos, para los ídolos. Y tenemos ese tipo de ídolos. Los que ganan. Héroes cuya heroicidad se sostiene del triunfo, y sin él se extingue. Y cuando esos talentos no consiguen el éxito, ¿qué es lo que se frustra? No es algo solamente, banalmente deportivo. Se frustra la percepción de la estatura de una nacionalidad.

Cuando Palermo hizo el gol contra Perú yo justo estaba mirando para abajo. No falló. Sacándole los ojos al partido, rompía la mala onda. Claro que en todo momento tengo perfectamente claro que lo que estoy diciendo es una boludez. Pero así somos los seres humanos. A veces somos solamente una madeja de pena, impotencia y presentimiento.

Lo de ayer fue por supuesto algo más que el pasaje al Mundial, o no, si tomamos el pasaje como la oportunidad de testear nuestras capacidades con las del resto del mundo. Haber estado a punto de quedar afuera fue como caminar por el borde de un precipicio. El de la exclusión. El de la ñata contra el vidrio. El de no poder ser portadores ni siquiera de la chance del orgullo. Es algo se nos repite, yo creo, en otras instancias más implacables que la del deporte.

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¿Periodistas independientes?

Eduardo Aliverti, Sandra Russo y Orlando Barone comentan y recapacitan sobre la situación de de algunos periodistas en Clarín y sobre la libertad de prensa en los grandes multimedios.


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